Reflexiones de un hombre afro sobre la menstruación y el cuidado
Esta reflexión nace de una preocupación profunda como hombre negro, cis, que vive, convive y se relaciona con mujeres y personas menstruantes. Durante años, la menstruación ha sido, y continúa siendo, un tema y una realidad muy lejana para muchos hombres, incluido yo mismo.
Mi preocupación surgió de una experiencia frente a un grupo de mujeres en una escuela del norte de Tanzania, donde impartía un taller sobre educación sexual. Frente a 18 mujeres menstruantes, me surgió una pregunta incómoda: ¿qué hace un hombre como yo hablando de una vivencia que no experimento? Al salir de aquel taller, subido en un tuc-tuc, comencé a rumiar en silencio. Saqué mi cuaderno e intenté poner en palabras lo que sentía: una mezcla de curiosidad, respeto y una gran necesidad de entender cómo los hombres nos implicamos —o evitamos implicarnos— en algo tan cotidiano y humano como la menstruación. Con lápiz y cuaderno intenté plasmar en el papel una multitud de preguntas que rondaban en mi cabeza y corazón:
¿La menstruación es realmente “cosa de mujeres” o un aspecto exclusivamente de personas menstruantes?
- ¿El silencio masculino en relación a la menstruación es también una forma de violencia?
- ¿Deberíamos involucrarnos en la menstruación? ¿Cómo y desde dónde nos involucramos?
- ¿Qué tipo de resistencias generamos como hombres al ejercer un rol de cuidado?
- ¿Qué implicación, responsabilidad o papel podemos tener los hombres en el conocimiento y en el cuidado como padres, parejas, amantes, hermanos, amigos o figuras sustitutivas en esta realidad?
- ¿Qué beneficios supone nuestra responsabilidad e implicación en esta vivencia?
- ¿La educación menstrual es una tarea exclusivamente de mujeres o de personas menstruantes?
``Hombres y menstruación: una realidad social y cultural´´
Es importante destacar un aspecto común en muchos hombres cis: tendemos a pensar, no actuar, y considerar que la menstruación es “esa cosa”, “un tema de mujeres” o de personas menstruantes al que no debemos involucrarnos. Durante generaciones, los hombres hemos sido socializados para creer que la menstruación “no nos compete”, que es “cosa de mujeres”.Esta distancia no solo nos desconecta del cuerpo femenino, sino también de nuestras propias capacidades de cuidado, empatía y vínculo emocional.
La menstruación no debería ser vista ni considerada un “asunto privado de mujeres”, sino un proceso humano que, aunque ocurre en cuerpos femeninos, atraviesa tanto a los hombres como a toda la sociedad. Evitamos hablar de la menstruación por una combinación de factores culturales, sociales, emocionales y educativos construidos históricamente.Sin embargo, nuestra implicación es fundamental, y todo empieza con pequeños pasos para romper el silencio que nos aleja del aprendizaje, la vulnerabilidad y el vínculo humano.
Implicarse no es invadir, es acompañar.
Significa reconocer que la menstruación, aunque biológicamente no nos atraviese, social y relacionalmente nos involucra a todos. Romper ese silencio no solo favorece la igualdad, sino que humaniza nuestras relaciones y amplía nuestra propia masculinidad. Con esta reflexión, pretendo invitar a todos los hombres —padres, parejas, amantes, hermanos, amigos y cualquier figura sustitutiva— a reflexionar individual y colectivamente sobre cómo nos responsabilizamos e implicamos en esta vivencia, a romper el silencio que perpetúa desigualdades.
Ser hombre no significa mantenerse al margen; significa escuchar, aprender y acompañar sin invadir.
La menstruación nos invita a repensar nuestra forma de cuidar y de estar presentes. Quizás ahí, en ese gesto de empatía y corresponsabilidad, comience el cambio consciente que nuestras madres, esposas, hijas, hermanas, amigas y la sociedad espera de nosotros.
¿La menstruación es realmente “cosa de mujeres”?
La menstruación es una experiencia corporal y social. Biológicamente, ocurre en cuerpos con útero: mujeres cis y algunas personas trans o no binarias que menstrúan. Sin embargo, lo que la sociedad hace con esa experiencia —cómo la nombra, la oculta o la gestiona— afecta a todas las personas, menstrúen o no. La menstruación no es solo un hecho individual, sino un fenómeno colectivo que refleja cómo una sociedad entiende el cuerpo, la salud y la igualdad. Reducirla a una vivencia exclusivamente femenina refuerza el estigma.
Si los hombres menstruaran, la menstruación no sería un tabú, sino un privilegio.
Hablar de la menstruación de forma inclusiva y sin tabúes contribuye a la equidad y a la salud sexual integral. Y este ejercicio hipotético nos muestra que el problema nunca ha sido la sangre, sino el poder: quién la tiene, quién la nombra y quién puede hablar de ella sin vergüenza.
¿El silencio masculino es también una forma de violencia?
El silencio no es neutro. Cuando los hombres evitamos hablar sobre este tema, lo ridiculizamos o lo consideramos un “asunto de mujeres”, solemos pensar que “no decir nada” equivale a “no hacer daño”. Sin embargo, con esta actitud y posicionamiento continuamos reproduciendo estructuras de desigualdad que refuerzan el tabú y la idea de que menstruar es algo sucio o vergonzoso.
Ese silencio nos impide acercarnos a la empatía y a la corresponsabilidad —por ejemplo, comprender cómo el dolor menstrual puede afectar el rendimiento o la disposición emocional—. Asimismo, sostenemos la desigualdad en la toma de decisiones: hombres en posiciones de poder que nunca han considerado políticas de salud menstrual o el acceso a productos de higiene.
Se me ocurren numerosos ejemplos del silencio masculino que vivimos en el día a día. Por ejemplo:
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En la escuela o el trabajo: profesores, jefes o compañeros que evitan hablar del tema o lo tratan con incomodidad o burla, además de la falta de comprensión cuando una mujer pide permiso o descanso por cólicos fuertes.
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En el hogar: padres que apenas conversan con sus hijas sobre la menstruación, dejando toda la educación menstrual a las madres; hermanos o parejas que no muestran interés ni empatía, o que cambian de tema si se menciona.
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En los medios y la publicidad: ausencia de voces masculinas en campañas de salud menstrual o educación sexual integral, y representaciones que perpetúan el silencio, como los anuncios que disimulan el flujo con líquido azul.
- En la política y la salud pública: legisladores varones que no consideran la “pobreza menstrual” un tema relevante, y la falta de políticas que reconozcan la menstruación como un asunto de salud pública y de dignidad.
Este mandato de silencio no se manifiesta con agresión directa; sin embargo, mantiene las condiciones que legitiman el sufrimiento y la desigualdad, y que, además, nos desconectan emocionalmente y nos alejan del cuidado y la empatía.
La Implicación masculina: padres, hermanos, amigos, parejas y figuras sustitutivascera
El papel de los hombres en la vivencia menstrual no es protagonizar, sino estar presentes conscientemente: pasar de la indiferencia al acompañamiento, del silencio a la palabra, del estigma a la empatía.
Algunos hombres solo se interesan en la menstruación cuando está relacionada con la procreación.
Es decir, si están en un proceso de búsqueda de embarazo, se preocupan por conocer el ciclo, los días fértiles y los síntomas. Otros, en cambio, se interesan únicamente para evitar que los síntomas emocionales —como los cambios de humor— interfieran en sus rutinas o actividades. Este segundo tipo de interés suele manifestarse de forma despectiva o poco empática.
Padres
Normalizar el diálogo desde la infancia, nombrar la regla sin eufemismos, garantizar acceso a productos menstruales y apoyo emocional. Ser ejemplo de respeto, evitando bromas o actitudes que refuercen el estigma.
Hermanos
Escuchar y normalizar el tema con respeto y empatía. Abrir espacios de apoyo práctico: comprar productos, acompañar y entender cambios de ánimo sin juzgar.
Parejas y amantes
Estar presente con sensibilidad, escuchar sin minimizar ni infantilizar, respetar los cambios físicos o emocionales y reconocer que el erotismo no siempre implica penetración, sino cuidado y presencia.
Figuras sustitutivas (profesores, tíos, padrinos)
Educar desde la empatía, hablar con respeto, evitar lenguaje sexista o medicalizado y promover educación menstrual inclusiva que reconozca a personas trans y no binarias.
Beneficios de la implicación masculina
Hablar de menstruación como hombres genera beneficios a nivel personal, relacional, educativo y comunitario
Rompe tabúes y silencios.
Fortalece relaciones basadas en respeto y empatía.
Promueve igualdad de género y corresponsabilidad.
Desarrolla empatía y madurez emocional.
Contribuye a una sociedad más justa e inclusiva.
Educación menstrual: una responsabilidad compartida
La educación menstrual no debe ser exclusiva de mujeres o personas menstruantes. Es una responsabilidad social que implica a toda la comunidad. Los hombres tienen un papel activo creando entornos donde hablar del cuerpo, del ciclo y del cuidado sea natural, respetuoso y libre de vergüenza. Educar en menstruación es educar en humanidad, justicia, empatía e igualdad.
Propuestas prácticas para corresponsabilizarse
Comprender que la menstruación es un proceso natural y romper tabúes con comentarios y bromas.
2. Preguntar con empatía, respetar espacio y emociones, no invalidarlas.
3. Facilitar ayuda en actividades cotidianas y proporcionar productos de higiene si es necesario.
Validar emociones sin forzar la intimidad, adaptarse a cada persona.
Cuestionar estigmas culturales, apoyar el acceso a productos menstruales en casa, escuela o comunidad.
Corresponsabilidad y menstruación: preguntas y cuidados cotidianos
Hablar de corresponsabilidad menstrual no es meterse en algo “que no nos corresponde”, más bien se trata de reconocer que los cuidados se construyen entre todos. La menstruación no debería vivirse en silencio ni en soledad. Acompañar con empatía también es una forma de amor.
Preguntar con respeto: a veces, un gesto o una pregunta amable hacen toda la diferencia.
“¿Cómo te estás sintiendo hoy?”
“¿Quieres descansar o prefieres que te acompañe?”
“¿Te preparo algo calentito?”
“¿Te gustaría que me encargue de la cena o las tareas?”
“¿Hay algo que te ayude a sentirte mejor en estos días?”
En espacios laborales o de amistad: lo importante no es solo la pregunta, sino escuchar con empatía y sin minimizar lo que siente la otra persona.
“¿Necesitas tomarte un descanso?”
“¿Puedo cubrirte un rato o traerte algo?”
“¿Hay algo que podamos hacer para que estés más cómoda?”
Cuidar con pequeños gestos, la corresponsabilidad también se practica con acciones sencillas:
- Preparar una infusión, una comida suave o una bolsa de agua caliente.
- Sostener el espacio doméstico o laboral para que la otra persona pueda descansar
- Evitar comentarios despectivos como “seguro es por la regla” o “estás exagerando”.
- Mostrar ternura y respeto: una palabra amable, un abrazo, o simplemente presencia.
- Hablar del tema con naturalidad, sin eufemismos ni incomodidad.
Corresponsabilizarse en la menstruación es romper el silencio y reconocer el cuerpo como un territorio compartido. Preguntar, cuidar y acompañar no son actos menores: son gestos cotidianos que construyen igualdad, empatía y bienestar. Ser hombre implica responsabilidad y corresponsabilidad, acompañar sin invadir, escuchar, respetar y actuar como aliado. No se trata de hablar por ellas, sino con ellas; no de salvar, sino de acompañar; no de asumir, sino de compartir.
Autor: Steve Bany
Referencias bibliográficas
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